sábado, 8 de enero de 2011

Love Sucks

— ¿Dónde está?— pregunte agitadamente entrando a casa de Cinn — ¿Dónde está?— volví a preguntar tratando de regularizar mi respiración
—A…arriba— contesto entre lágrimas la hermana de Cinn —Se encerró en el baño, no quiere ver a nadie— me informo.
—Váyanse— le indique —Yo hablare con ella.
Con grandes saltos subí las escaleras de la casa de mi mejor amiga, la cual ahora estaba destrozada. El imbécil de Nicholas su ahora ex prometido la dejo plantada en el altar. -Después de asegurarme de que este bien, no te la acabaras Nicholas- amenacé en mi mente, mientras prácticamente corría hacia la habitación de Cinn.

Había cosas tiradas por toda la habitación, su maquillaje, perfumes, espejos. Todo estaba roto en el piso. Mi corazón se estrujo, Cinn estaba deshecha. Como ese idiota podía haberla lastimado asi, Cinn es la persona más noble que conozco.

Di dos golpes en la puerta del baño.
—Cinn, soy Joseph— le informe con la voz más suave que pude , pero no había respuesta de su parte, solo se escuchaba el agua de la regadera al chocar en el piso. —Cinn por favor respóndeme, se que quieres estar sola, pero necesito que me digas si estás bien— grite ya con desespero, pero seguía sin responderme. Me aterrorizaba perderla, ella era demasiado para mí. Tal vez mas de lo debido y me duele en el alma imaginarme sin ella. —Voy a entrar si no me respondes— insistí y gire la perilla de la puerta, pero como era de esperarse estaba con seguro. Regrese hacia donde todas sus cosas yacían en el piso, buscaba como loco algo que me ayudara a abrir la puerta.
Logre encontrar un incaible, tal vez eso funcionaria para sacarle el seguro a la puerta. Le quite la pequeña punta plástica y metí parte de el por la cerradura, lo movía en forma circular, pero la desesperación me invadía no lograba abrirla. Me tranquilicé y comencé con movimientos un poco más inteligentes hasta que sonó el 'click' señal de que se había abierto. — Voy a entrar— volví a avisar, ahora con algo de temor. Conocía a mi amiga como la palma de mi mano, y me queda más que claro que no era una suicida. Pero a estas alturas, no podía pensar racionalmente, solo lo peor que podía suceder pasaba por mi mente.
Gire la perilla de la puerta y me aventure entrar, el esponjoso vestido blanco estaba tirado en el piso, cerré la puerta y levante el vestido del piso, pero este ya no era vestido. Eran solo pedazos de tela.
—Cinn…— dije con un notorio nerviosismo, rápidamente abrí la puerta de la regadera y ahí estaba. Estaba sentada en el piso, abrazaba sus piernas cubriendo su cuerpo, mientras ocultaba su rostro también en sus piernas.
Cerré la llave y tome una toalla, entre y me hinque a su lado para cubrirla con la toalla.
—Cinn… linda— le hablaba pero no volteaba y no emitía sonido alguno. Hasta que escuche su llanto.
—Joseph…— su llanto aumento —me dejo Joe… me dejo— me abrazo por la cintura fuertemente, me senté sin importar que todo el piso estuviera mojado para poder estar a su altura. Hundió su rostro en mi pecho. — ¿Por qué?— pregunto en un suspiro — ¿Soy mala persona? ¿Soy fea?
—Eres la persona más noble, dulce y hermosa que conozco— hable con toda la sinceridad del mundo —Hay personas que simplemente no valoran lo que tienen a un lado— bese su frente. Ellos salieron por cuatro años y sin duda alguna Cinn lo amaba. —Y hay muchas personas que te valoran como ni te imaginas y no te queremos ver sufrir— hace años que estoy enamorado de ella y justo el día que pensaba confesárselo, ella me conto de su amor hacia Nicholas.
Levanto su mirada, dejándome ver su hermoso rostro. Sus ojos estaban rojos e hinchados de tanto que llevaba llorando, Pase mis pulgares por debajo de estos limpiando el maquillaje que se había corrido.
Puso su mano derecha sobre mi mejilla y me miraba fijamente, su rostro permanecía neutro, y me preocupaba ya que siempre había una perfecta sonrisa en sus labios.
Comenzó a acercarse y en cuestión de segundos mis labios se mesclaban con los míos, hacia tanto que había anhelado esto, hacia tanto que soñaba con este momento. Pero para ella no era nada. Solo estaba tratando de olvidarse de Nicholas. Tenía que detenerla, si no ahora seriamos dos los lastimados.
—Joseph— pronuncio entre besos. Era increíble sus suaves y carnosos labios tenían un sabor tan dulce, tan único y especial. Se mesclaba con el salado sabor de sus lagrimas, pose mi mano izquierda en su cuello, debía detenerme —Joseph…— repitió —…Hazme el amor— dijo en un hilo de voz mientras bajaba con sus besos por mi cuello.
—C...Cinn— no podía hablar con semejante distracción. Ella jamás tendría una mínima idea de lo que me hace sentir con solo el roce de su piel.
—Joseph— volvió a hablar —Ayúdame...— hinco sus dientes en mi sensible piel —...a olvidarlo— eso era. Ella solo quería sacarlo de su mente, solo quería olvidarse de él, solo era por despecho.
—Hermosa no es lo que tu realmente quieres, te ayudare a olvidarlo pero de otra manera— mi respiración agitada entrecortaba mis palabras.
Dejo su accionar para recostarse en mi pecho, sus lágrimas no se detenían.
—Soy tan poca mujer, por eso me dejo. — Resoplo —Habiendo tantas mujeres, mucho más bonitas — escondió su rostro en mi cuello — ¿Por qué estar conmigo?— se soltó en llanto nuevamente.
—Voltea a verme— le dije tomando su rostro con firmeza —Ya te lo dije tu eres hermosa...— no era el mejor momento para avergonzarme por decirle lo que siempre le había querido decir —Eres la chica más bella que conozco, sabes...— limpie sus lagrimas —Hasta llorando eres perfecta— una ligera sonrisa se coló entre sus labios. No pude resistir más.
Capture sus rosados labios, en cuestión de segundos comenzó a seguirme. Sus manos que permanecían estáticas en mi espalda, subieron por mi pecho hasta llegar a mi nuca. Podía sentir como arrugaba el cuello de la camisa, esa camisa que ella misma había elegido para su día tan especial. Había tantas ilusiones en ella y ahora todas se habían ido por la coladera.

Jugaba con mi cabello y acariciaba mi cuello con una suavidad increíble, que simplemente me hacia estremecer. Por mi bien debía detenerme. Pero a estas alturas me era imposible. Simplemente era un sueño volviéndose realidad. Rogaba por dentro abrir los ojos y encontrarme recostado en mi cama. Pero esto no era un sueño.

Se dedico a sacar botón por botón, sin despegarse de mis labios. Solo en fracciones de segundos nos separábamos para poder respirar. Cuando sus manos tocaron mi piel, fue como un choque eléctrico que me encendió por completo. Ahora si, No había marcha atrás.

*

Joseph me tomo por la cintura girándome levemente haciéndonos quedar frente a frente, estaba sobre sus piernas con las mías a sus costados. Sus grandes manos masajeaban mi cintura, elevando mi temperatura. Estire mi mano para alcanzar la llave y abrirla.
El agua tibia nos mojaba por completo. Metí mis manos por debajo de su camisa poniéndolas en sus hombros para deslizaras hacia abajo, sacando por completo su camisa.
Mordía suavemente su cuello, bajaba por este hasta su clavícula, pero el solo permanecía estático
—Joe...— suspire —No te obligare a hacer algo que tú no quieres— tome la toalla que ahora estaba empapada tirada en el piso. No me interesaba secarme, me interesaba cubrirme, así que me importo que escurriera enormes cantidades de agua. Me di la media vuelta para abrir la puerta de la regadera, cuando sentí que dos manos se posaban en mi cintura. No había nadie más ahí dentro así que era más que un hecho que había sido Joseph
—No sabes cuánto desee esto— susurro en mi oído —No esperaba que fuera de esta manera— agrego —Pero contigo todo es perfecto.— dijo antes voltearme rápidamente y acorralarme contra la pared. Ataco mis labios, pero ya no era como hace unos instantes, me besaba con pasión. De una manera tan especial y única. Lo que me hacía sentir no le llegaba ni a los talones a lo que Nicholas alguna vez produjo en mi.
Con un rastro de besos fue bajando por mis mejillas hasta mi cuello, succionaba fervorosamente, no había duda de que una marca quedaría ahí. Pero eso era justo lo que quería, quería sacar a Nicholas de mi cuerpo, sacar su esencia de mi piel. Olvidarme de él, Que todo fuera como si nunca se hubiera cruzado en mi vida, para después causarme el dolor y la vergüenza más grande de mi vida.
Yo me dedicaba a sacar su cinturón para poder deshacerme de su pantalón. Cumplí mi misión, me deshice de su pantalón al igual que de sus zapatos y calcetines, solo quedaba la realmente estorbosa prenda azul, sus bóxers, los cuales Joseph no me dejo sacar con un 'No te desesperes hermosa'
Masajeaba con sus manos mis pechos con frenesís haciéndome jadear intensamente. Pero cuando comenzó a jugar con uno de ellos en su boca, los gemidos no se hicieron esperar.
Necesitaba sus besos, lo tome de la barbilla para subirlo hasta mis labios, coloco una de sus manos en mi cuello, y la otra en mi vientre la cual comenzó a descender con un solo objetivo.
Por simple instinto separe levemente mis piernas, y pude sentir entre besos como Joe formaba una sonrisa. Mordí su labio al sentir sus dedos colarse entre mi feminidad. Escondí mi rostro en su cuello, tratando de reprimir un poco los gemidos que hacían hasta lo imposible por escapar de mi boca.
—Quiero escuc...— no lo deje terminar cuando un enorme gruñido salió de mi garganta al sentir la rapidez con la que mas ajeaba mi clítoris llevándome a la cima.
Jadeaba su nombre, a punto de llegar al orgasmo más grande de mi vida cuando se detuvo.
Rápidamente tomo mi pierna derecha y la subió hasta su cintura, mi cuerpo aun temblaba por las contracciones musculares que se daban en todo mi cuerpo.
Afiance mi pierna en su cadera, entendí lo que haría, baje mi mirada y ya no llevaba más el bóxer azul, tomo su miembro entre sus manos para guiarlo hacia mí. Para en cuestión de segundos convertirnos en uno solo.

Las gotas tibias de agua, cayendo sobre nuestros cuerpos hacia que todo fuera delirante, termino de entrar en mí y me fue imposible no encajar mis uñas en su fuerte espalda, lo apegue lo más posible a mí, aunque ya no se podía mas, estábamos hechos uno mismo.
Sus movimientos eran lentos, sus ojos permanecían cerrados, yo me dedicaba a mirar las perfectas facciones de este perfecto hombre que había estado a mi lado siempre, en las buenas y en las malas.
Siempre quise a Joe más que como amigo, Siempre estuve enamorada de él. Pero el temor de arruinar nuestra amistad era demasiado grande. Hasta que finalmente me rendí, finalmente entendí que Joseph no me veía más allá que su ‘mejor amiga’ y fue ahí que conocí a Nicholas. El chico perfecto.
Mi corazón roto en miles de pedazos, por la tristeza de que el amor de mi vida jamás me querría como yo a él, sintió el cariño que Nicholas me daba y comenzó a sanar mis heridas. Hasta el día de hoy, que prácticamente me arranco el corazón, lo estrello contra el suelo y lo pisoteo hasta desintegrarlo.
Las lágrimas comenzaron a deslizarse por mis mejillas, gracias a la regadera mis lagrimas se mesclaban con las gotas de agua, asi que Joe no se dio cuenta, acaricio mi mejilla con el torso de su mano para después unir nuestros labios. Ya no importaba Nicholas, ya no importaba terminar aun mas herida tratando de llenar el vacío con Joe, yo no lo estaba usando, mis sentimientos por el jamás desaparecieron, solo fueron ‘cubiertos’ con los ‘Te amo’ que Nick me decía. Ahora solo me importaba disfrutar este momento y sacar para siempre a Nicholas de mi mente, de mi cuerpo, de mí ser.
Sus labios se mesclaban con los míos increíblemente, era aun mejor de lo que alguna vez había imaginado, su lengua se introdujo en mi cavidad bucal, recorriéndola por completo, el beso aumentaba de intensidad al igual que sus movimientos pélvicos, el oxigeno comenzaba a faltar en mis pulmones, por más que quise resistir no lo logre, me separe de sus labios para poder recuperar la mayor cantidad de oxigeno posible.

Sus embestidas eran rápidas y profundas, me comprimía contra la pared, dejándome en un estado de éxtasis indescriptible, mis gemidos y jadeos eran incontenibles, según yo la casa estaba vacía, pero si había alguien más no me importaba en lo absoluto.

Mi cuerpo comenzó a temblar, los músculos de mis piernas y abdomen comenzaron a contraerse, dándole la bienvenida a un maravilloso orgasmo, Joe me tomo de la otra pierna prácticamente cargándome, sus movimientos se volvieron pesados y densos pero sin embargo no cesaba, en cuestión de segundos una serie de corrientes eléctricas recorrió mi cuerpo, desde la punta de los pies hasta la cabeza, Un gruñido por parte de Joseph me indicaba que había llegado al mismo tiempo.

Aun algo atontada, subí mi mirada a su rostro, permanecía con los ojos cerrados y mordía su labio inferior, subí mi mano y comencé a correr su obscuro cabello que caía sobre su frente. Abrió los ojos y todo parecía en cámara lenta, como no perderse en esos hermosos ojos almendrados.

—Te amo Cinn— sentí como todo en mi interior se removía al escucharlo emitir esas palabras. Simplemente no me lo creía.
—Yo…— tartamudee. Estaba en shock.
—Shh— me callo poniendo su dedo índice y anular sobre mis labios, me miraba fijamente. —No digas nada— dijo después de delinear mis labios con la punta de sus dedos.

*

—Te amo Cinn— tarde en reaccionar. -¿Por qué tuviste que hablar Joseph?- me recrimine. Era más que claro que ella no sentía ese tipo de ‘amor’ por mí.
—Yo…— tartamudeo nerviosa. Esto solo me comprobaba que tenía la razón.
—Shh— puse dos dedos sobre sus labios. Todo había sido tan perfecto, no quería que se arruinara cuando me dijera ‘Yo no siento eso por ti’. Delineé sus hermosos labios, cuanto daría por poder besarlos cuando me plazca, que sean solo míos y de nadie más. —No digas nada— le di el que seguramente sería el último beso.

Cerré la llave y ahí estábamos frente a frente, desnudos con mi ropa empapada en el piso, en medio de un incomodo silencio, al menos para mí. Yo por primera vez había hecho el amor, esto para mí no había sido solo sexo. Había puesto todos mis sentimientos y ahora seguramente ambos estaríamos desechos. Pero si en algo había ayudado a Cinn a olvidar a ese imbécil, habrá valido la pena. No hay cosa que por ella no haría.


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