Sin duda era un día horrible, bueno al menos para mí. Podría jurar que en lugar de vivir en la Tierra vivía en el mismísimo Sol.
Mi aire acondicionado no había podido elegir un peor día para arruinarse, bueno prácticamente explotar. Sentada en mitad de la sala, con un estúpido ventilador -más viejo que los cerros- frente a mí. Era patético. Mis padres me habían abandonado en el vil desierto. Si, mientras yo me deshidrataba y trataba de mantenerme viva ellos se divertían en el deportivo, disfrutando de la alberca y todos los beneficios de ‘portarse bien’.
No era justo que solo por llegar un ‘poco’ tarde, no me dejen ir a la piscina del club. Solo había llegado tres horas y media después de lo acodado. Pero yo tenía mis buenos motivos.
Avente el ventilador que no dejaba de tambalearse, segundos después me arrepentí. Ya que era lo único que más o menos me liberaba del calor infernal.
Con fastidio subí las escaleras, ahora estaba acalorada, enojada y aburrida.
Entre a la habitación de mi hermana, con el propósito de divertirme un poco. Tal vez romper un par de papeles, cambiar sus cosas de lugar o pintarle bigotes a las fotos suyas con su novio. — ¿Y por qué no las tres cosas?— dije mientras destapaba un marcador negro permanente. Ella se lo merecía por delatarme y además burlarse de mi cuando me regañaban.
Termine de hacer mis maldades y me senté en su escritorio, corrí la cortina para poder ver las cosas sobre el escritorio y me sorprendí al ver el jardín trasero de la casa vecina.
Pero mi sorpresa fue aun mayor al ver al chico que estaba en un camastro tendido al sol. Ya que creía que la casa estaba deshabitada. Incluso me puse de pie para tratar de verlo mejor y asegurarme de que no era un espejismo producto del extenuante calor. Un short rojo era lo único que cubría su cuerpo, su perfectamente marcado torso estaba al descubierto. Y la ligera capa de sudor unida a los rayos del sol, lo hacían aun mas antojable.
Paso su mano por su corto cabello color negro azabache que resaltaba ante su blanco color de piel. —Yo tengo que ver eso de cerca…— Salí corriendo de la habitación de Judith, casi tropiezo en las escaleras pero no me importo. Llegue al jardín. – ¿Ahora qué?- hable para mis adentros al ver la ahora inservible barda divisora. –Piensa Cin, Piensa- rodé los ojos y hubiera carcajeado si no supiera que un increíble chico estaba del otro lado.
Divise un balón de futbol entre un montón de juguetes de mi hermano. Lo tome y sin pensarlo dos veces lo patee haciéndolo volar por la alta barda. — ¡Perfecto! — susurre mientras corría hacia la escalera para arrastrarla hasta la barda que me impedía disfrutar de aquella hermosa vista.
Subí tratando de controlarme, no quería parecer obvia. Levante la mirada ya que tampoco quería caer de las escaleras y me encontré con la fija mirada del vecino desconocido.
— ¿Hola?— dije disimulando sorpresa —Mi balón se escapo a tu jardín— dije algo intimidada. Sus ojos me analizaban con detenimiento y me sentí ¿estúpida?
— ¿Y tu desde cuando juegas futbol?— entrecerré levemente mis ojos tratando de concentrarme en su pregunta —No eres del tipo ‘deportista’.
—Disculpa ¿Y quién demonios te crees tú?— le dije ahora de mala gana. Era un pesado. —Solo pásame mi balón si— pase mi mano por mi cabello.
—Cin, Cin, Cin— se puso de pie y avanzo un par de pasos, realmente me sorprendió que supiera mi nombre —La misma Cinthya Ruiz— ¿que acaso traía un gafete con mi nombre?
— ¿Como sabes mi nombre?— pregunte a la defensiva. Era extraño, ¿Acaso lo estaba imaginando? Como rayos este tipo sabia mi nombre, siendo que era la primera vez que lo veía.
— ¿No me recuerdas?— avanzo un poco más
—No— conteste fastidiada ¿Quién se creía? — ¿Me das mi balón ya?
—Ven por el— se dio la media vuelta y regreso al camastro, tomo las gafas obscuras que estaban en la mesa de alado y se las puso antes de recostaste.
Bien, estaba por meterme a propiedad ajena con un desconocido que al parecer me conocía bien. No lo pensé más y salte la barda. Afortunadamente aterrice perfectamente, hubiera sido bastante vergonzoso terminar tirada en el césped. Sentí su mirada pero la ignore, camine hacia donde estaba el balón y lo tome. Decidida camine hacia la puerta corrediza que daba hacia la casa.
—Bueno es que tú no conoces la vergüenza ¿verdad?—me gire para verlo y ya no estaba en el camastro, estaba detrás de mí. Bien ahora si estaba aterrada.
—Tú no quisiste pasármela…— le recrimine mientras retrocedía. Saco sus gafas y su almendrada mirada se clavo en la mía.
— ¿De verdad no me recuerdas?— se acerco un poco más y retrocedí un poco más.
— ¿Que parte de ‘no’ no entiendes?
—Tu carácter siempre ha sido un asco— acaricio mi mejilla y corrí mi rostro. —No sé cómo pude estar enamorado de ti tanto tiempo— mordió su labio inferior.
—Mira… quien quiera que seas…
—Joe— me interrumpió —Soy Joseph Jonas— fruncí mi ceño tratando de recordar y mis ojos se abrieron a tope. Me fue imposible no carcajear.
— ¿Joe Jonas?— seguía riendo —No te creo— me di la media vuelta.
—He regresado, He cambiado…— susurro en mi odio y me estremecí —Pero tú sigues siendo la misma engreída y superficial…— me gire teniéndolo de frente nuevamente —Igual de linda… pero como te dije con un asco de carácter. — no podía ser Joseph Jonas. Simplemente no podía, él era el chico más… ¿Extraño? Que conocía, por asi decirlo. Hace dos años ‘Joe Jonas’ mejor conocido como ‘nerd’ ‘nerdy’ ‘freak’ ‘tragalibros’ se había ido de la ciudad. Para mi mala fortuna era mi vecino y estaba ‘enamorado’ de mí. Todo el colegio sabia de eso. Y obviamente tenía que cuidar mi reputación, por lo que me unía a los demás para molestarlo.
—Asi que eres tu…— negué aun riendo —Y donde quedaron tus enormes gafas y pantalones a la cintura— lo rodee, aprovechando para deleitarme observando su marcada espalda.
—En la basura…— sonrió, los frenillos tampoco estaban más. —Junto con las camisas a cuadros y corbatas de moño— me detuve frente a él.
—Sorprendente— sonrió galantemente —En fin…— dije como si nada —Adiós Nerdy— me di la media vuelta y abrí la puerta corrediza de cristal.
Me tomo por la cintura y me giro rápidamente sobre mis talones, una de sus manos subió a mi cuello. Lo mire con rabia pero no le afecto en lo absoluto.
— ¿Qué? ¿Piensas que te dejare ir asi como si nada? — negó con la cabeza y casqueo la lengua —La venganza es dulce hermosa…
— ¿Y qué me vas a hacer? — pregunte irónica
—Más bien... Qué no te voy a hacer— su rostro se acerco a mi cuello intercambiando posiciones con su mano la cual comenzó a descender por mi clavícula, adivine su destino y rápidamente lo empuje. — ¡Que te ocurre! — le grite tratando de alejarme pero me sujeto por los brazos impidiéndomelo — ¿Qué Jonas? — Carcajee — ¿Vas a violarme porque te molestaba? Que poco hombre— enfatice antes de reír a carcajadas
-Mira...- ahora con una mano sujetaba mis muñecas y con la otra mi cuello. Comenzó a avanzar hacia el jardín por lo que todos los rayos del sol nos envolvieron —Primero no se le dice 'violar' si tú te dejas— su voz era tan sensual y provocativa —Segundo, te vas a tragar tus palabras— apretó mi cuello —Vas a ver el hombre que soy y tercero... Mi venganza no es violarte— carcajeo —Es cómo vas a terminar después de esto, me vas a suplicar que este contigo, me vas a implorar que te perdone...
—Nunca. — Lo interrumpí —Y quien dice que yo me dejare— lo empuje pero lo único que logre es que me apegara aun mas a su cuerpo
— Eso ya lo veremos...
*
Solté sus manos para sujetarla por el cuello y bruscamente la atraje a mis labios, se negaba a seguirme, golpeaba mi espalda y me empujaba.
—Tranquila preciosa— susurre en su oído sujetándola una vez más de las muñecas. La gire haciéndola quedar de espaldas a mí y la apegue a mi cuerpo nuevamente. —No te creo nada que te quieras ir— comencé a impartir pequeños besos en su cuello, se quedo inmóvil cuando hinque mis dientes, poco a poco iba cediendo. — ¿Te gusta?— la rodee y me puse frente a ella. Hundí mi rostro en su cuello y seguí con los parsimoniosos besos. Comencé a succionar suavemente y un pequeño gemido se había escapado de sus labios, aumente la intensidad dejando una notable marca roja. Con un camino de besos regrese a sus labios. Esos por los cuales sufrí tanto tiempo, Me gustaba tanto pero era tan ciego, tan ingenuo, tanto que caía en lo estúpido. Ella se burlaba de mí, me menospreciaba y aun asi yo era capaz de dar todo por ella. Cuando me fui de aquí, estaba destruido. Yo la amaba tanto, pero ella nunca se fijaría en mí. Jamás me imagine que yo podría llegar a tenerla en este estado.
Sus manos subieron por mi cuello e hicieron un nudo en mi nuca el cual me atraía aun mas a ella, haciendo más profundo el lujurioso beso que yo mismo había desatado.
Pase mis manos por su cintura formando un abrazo atrayéndola más y más a mí demostrándole la necesidad que tenia de ella, ni la más mínima corriente de aire era capaz de atravesarnos.
Soltó un gruñido, cuando me aleje de sus labios. Besaba su cuello con pasión, me fascinaba sentir sus manos tratando de abarcar toda mi espalda, sus manos subían, bajaban, me acariciaba y en ocasiones me rasguñaba, pero lejos de molestarme me excitaba aun más.
Enmarco mi rostro con sus manos me miro por unos segundos, su mirada brillaba de deseo y apuesto hasta mi último dólar a que la mía también. La tenía en la palma de la mano. Rápido me atrajo a sus labios, mordió sensualmente mi labio inferior provocándome y valla que lo había logrado, al igual la sujete por el cuello y seguí besándola, introduje mi miembro bucal y recorrí toda su cavidad. La hice saltar para lograr que quedara atada a mi cadera. Me agache lentamente y me puse de rodillas en el césped, para después recostarla en este sin separarme de sus labios. Mierda, traía mucha ropa. No dude en resolver este problema, saque su blusa y no fue difícil deshacerme de la parte superior de su bikini.
—Lo tenias planeado ¿no?— carcajee sobre sus labios. Según yo recordaba no tenia piscina en su casa, ¿Para que podrirá traer un traje de baño?
—Eres un imbécil— jadeo girándonos dejándome espaldas al césped, tomando el control de la situación. —Iríamos al deportivo, pero me castigaron.
—Alto reina— la tome fuertemente de la cintura y volví a girarnos —Acá yo tengo el control— hundí mi rostro en su cuello y comencé a bajar por su clavícula. Su pecho se expandía y contraía con rapidez. Estaba ansiosa, desesperada y yo continuaba con una lentitud delirante. No la hice esperar más y mientras que una de mis manos se apoderaba de uno de sus pechos, mi boca se dedicaba a estimular el otro. Se retorcía y arqueaba la espalda. Baje por su abdomen y escuche su bufido de inconformidad. Pero acá no era lo que ella quería. No lo hacía por ella.
Con una mano desabroche su short y la verdad no tengo ni la menor idea de donde quedo.
Regrese a sus labios, realmente eran todo lo que siempre imagine. Siempre que fantaseaba con el momento en el que pudiera besarla era exactamente lo que ahora pasaba. Suaves y dulces, ahora estaban el doble de grueso ya que después de tanto roce con los míos y de las mordidas que le daba era normal que se tornaran mas rojizos, cosa que la hacía lucir aun mejor.
Soltó un gemido y se quedo paralizada al sentir mi mano entre sus pliegues. Sus ojos cerrados y boca entreabierta me indicaban el estado en el que estaba.
Comencé con movimientos lentos y circulares. Su respiración se volvía más agitada.
— ¿Te gusta?— mordí el lóbulo de su oreja
— ¡S-Si!— grito-gimió.
—Entonces dejare de hacerlo— carcajeé y sus ojos se abrieron a tope.
— ¡No! ¡No te detengas por favor!— sostenía mi brazo
—Suplícame preciosa— regrese con las caricias
— ¡Dios mío! ¡Sigue Joe! ¡Te lo suplico!— se lo había ganado pero me tocaba a mí. Velozmente me deshice de la parte baja de su bikini y de mi traje de baño, me tomo de los hombros preparándose y separo las piernas dándome la bienvenida.
Era condenadamente estrecha, esta mujer seria perfecta si su carácter engreído se largara. La tomé firmemente de la cadera, estaba decidido a partirla en dos. Salí de ella y gruño tan sensualmente que sentí que me correría en ese mismo instante. Volví a entrar en ella, ¡Cielos! Se sentía genial.
Mis embestidas aumentaban de velocidad y fuerza, Apostaría lo que sea a que todos los vecinos podían escucharnos. Ella imploraba más y más, por supuesto le demostré todo lo que este ‘nerd’ podía darle. Seguramente batallaría un poco para caminar, no es por ser agrandado, si no sincero.
Sus paredes comenzaron a contraerse exprimiéndome por completo, estaba por llegar al igual que yo. Hice un esfuerzo más y aumente mi velocidad. Subió sus piernas y las enredó en mi cintura dándome un mejor acceso, sus manos apretaban fuertemente mi espalda. Muchos rasguños quedarían como prueba de lo sucedido. Nuestros cuerpos temblaban y oleadas de placer nos recorrían. No pude más y explote dentro de ella.
—Fue tan- tan increíble— confirmo cuando recupero el aliento y yo termine de vaciarme. No emití palabra alguna, salí de ella y me puse de pie para tomar y colocarme mi short. — ¿A-A dónde vas?— tartamudeo poniéndose de pie con un poco de dificultad.
—Ahí está la escalera— la señale con la barbilla
— ¿Eso es t-todo? — carcajeé al ver su cara de impresión.
— ¿Yo? ¿Hacerle caso a un nerd como tú? ¡Estás loco!— la cité antes de entrar a mi vieja casa.
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