sábado, 8 de enero de 2011

I hate you

—Dime ya por que lo odias tanto— mí mejor amiga soltó una carcajada
—Cin, tú no te das cuenta de la basura que es porque es tu cuñado y todo lo relacionado con Nicholas es 'perfecto'— hice un ademan con las manos y volteé de nuevo hacia él, Joseph Jonas.
—No— dijo sin poder dejar de reír —Yo creo que deberías conocerlo mejor y veras lo divertido que es— estaba empeñada en que nos lleváramos bien, pero podía darme un millón de dólares y yo seguiría pensando lo mismo de 'Joe'
—Míralo nada mas, es un creído, un egocéntrico, un superficial y presumido— brame enojándome —Cree que solo por tener un lindo cabello y sonrisa de comercial, todas a su alrededor caen rendidas... Es un imbécil— me ponía de mal humor el tan solo pensar en el.
—Hay Alba... — alargo entre risas —Dejemos de hablar de él, no quiero que te le lances encima para golpearlo.
—Créeme que ganas no me faltan— seguimos platicando de cosas sin sentido, sobre mí, sobre ella, sobre ella y Nicholas.
Minutos después llego Nick a la mesa a robarme la atención de mi amiga.
—Déjala en paz— reí —Tú la tienes todo el día, ahorita le toca estar conmigo.
—Alba… tenemos que conseguirte un chico, Asi me toca más tiempo con Cin— mordió la mejilla de mi amiga y esta se estremeció en sus brazos.
— ¿Sabes quién sería perfecto para ella? — el negó recargando su cabeza en su hombro y ella susurro algo en su oído y este soltó una carcajada.
— ¿De verdad?—pregunto incrédulo y ella asintió con la cabeza— ¡Cuñada!— alargo Nick tendiendo su mano hacia mí, él también sabia cuanto detestaba a su hermano. Ambos carcajearon y solo los mire con cara de pocos amigos.
—Hermano—esa voz como la detestaba, volteé hacia mi izquierda y vi a Joseph caminando entre las mesas de la cafetería. —Necesito tu celular— se paró a un lado de la mesa, lo mire y rodé los ojos.
— ¿Que muñeca? ¿Estás enojada? — sabia claramente que lo detestaba, solo lo ignore.
—Cin, ¿Puedes decirme que le hice para que me odie tanto? — ser tu, imbécil.
—Pregúntaselo tu a ella— rio y Nick le paso su celular. Toco el timbre, salvándome ya que claramente no reprimiría las ganas de gritarle en la cara todo lo que pienso de él. Rápido me puse de pie y salí de la cafetería.

‘En 15 minutos en la sala de computación, Cin' el mensaje venia de un número desconocido. Seguramente no traía crédito y habría pedido el teléfono prestado.
Quince minutos exactamente y pedí permiso para salir al baño. La maestra acepto.

Entre a la sala, estaba completamente obscura, palpando con mis manos buscaba el interruptor para encender la luz, lo encontré y la prendí pero me lleve con el susto de mi vida. Joe estaba a solo unos centímetros de mí.
— ¿Que sucede preciosa te asuste? — pregunto irónicamente
— ¿Donde esta Cin?— pregunte molesta
—En clase de historia supongo, o tal vez con Nick— rio y saco su celular mostrándome el mensaje. Él lo había enviado, seguramente había sacado mi número del teléfono de Nick.
—Que quieres— dije de mala gana
—Quiero que me digas por qué no te agrado— acaricio mi mejilla corrí mi rostro alejándolo de mi.
— ¿Te importa?
—En lo absoluto— carcajeo —Pero es divertido molestarte.
—Eres un imbécil — solté con furia —Cada día me lo compruebas— lo empuje pero no lo moví ni un centímetro. Lo único que logre fue que me acorralara aun más a la pared. Me tomo del cuello con una mano y la otra fue a la perilla de la puerta para poner el seguro ¿Me iba a matar?
—Yo se que por dentro, te mueres por mi— susurro en mi oído y un escalofrió me recorrió por completo —Dímelo y te hare la mujer más feliz de la Tierra— su respiración vagaba por mi cuello ya que ahora sujetaba mis muñecas para evitar que lo golpeara.
—Me das asco Joseph Jonas— dije mirándolo a los ojos —Me harías la mujer más feliz de la Tierra si desaparecieras— su almendrada mirada se torno burlona.
—Entonces te tendré que hacer cambiar de parecer... — enuncio y a los pocos segundos tenía sus labios sobré los míos, me besaba tan desenfrenadamente que no tuve opción que seguirlo, a pesar de todos los llamados de atención de mi conciencia no podía detenerme. Su lengua se introdujo de golpe en mi cavidad. Era el mejor beso de la vida, me soltó las manos para sujetarme por el cuello y la nuca atrayéndome aun más a sus labios y profundizar ese lujurioso beso.
Mis manos inconscientemente subieron a su abdomen, el cual tantas veces se la pasaba exhibiendo en los entrenamientos. Una vez que se aseguro que no lo golpearía bajo sus manos a mi cintura y yo pude pasar las mías a su nuca, jugaba con su cabello mientras él se dedicaba a dar pequeñas pero electrizantes caricias por debajo de mi blusa.
No podía mas, el oxigeno de mis pulmones se había acabado, y no quería morir de esa trágica manera. Me aleje de sus labios, ambos respirábamos agitadamente a causa de la ausencia de oxigeno y la excitación.
—Te ha gustado cierto— su anatomía aprisiono aun mas a la mía contra la pared, dejándome sentir su ahora más que presente erección. —Lo que viene ahora te gustara mas— sus simples palabras aumentaron mi excitación a tope. Lo atraje a mis labios pero este cambio el rumbo y fue directo a mi cuello, el cual ahora era víctima de sus mordidas y succiones. Sin duda alguna dejaría marca pero no me importo. Una gran cantidad de punzadas en mi entre pierna me provocaban querer gritar. Joseph seguía repartiendo besos por mi clavícula y comenzó a desabotonar mi camisa. Botón que liberaba sus besos bajaban. Paso por la loma de mis pechos, hasta mi abdomen y al inicio de mi vientre, comenzó a desabrochar mi pantalón e identifique lo que quería hacer. Lo tome de la barbilla y lo subí nuevamente a mis labios.
—Después de esto, no te quedara ni una pisca de odio hacia mí— dijo entre jadeos en mi oído. Adentre mis manos por su camisa y sin más ni menos la lévate, me ayudo alzando los brazos. Pero emparejo la situación sacando también mi camisa que solo permanecía abierta. Bruscamente me atrajo a sus labios, la intensidad de sus besos aumentaban el éxtasis de la habitación, sus manos se posicionaron en mis glúteos, los cuales fueron mortíferamente masajeados, subió por mi cadera y espalda hasta llegar con el broche de mi sujetador el cual en cuestión de segundos ya estaba tirado en el piso.
Su boca capturo uno de mis pezones succionaba este, lo mordía y lo estimulaba con la lengua, lo libero dejándolo de un color rojizo para luego apoderarse del otro. Mis jadeos ya eran incontenibles, aunque hacia todo lo posible por retener mis gemidos. No sería nada bueno que algún maestro o alumno nos escuchara.
Mi pantalón desapareció de la escena, dejándome solo con ir ropa interior inferior, y aquí la cosa tenía que ser justa. Asi que al igual me deshice del de Joe.
Una vez más Joe bajaba con sus besos. Se puso de rodillas y volteo a verme.
—Ábrete lindura— me dijo después de que ya no hubiera nada cubriendo mi cuerpo. Bajo el estado en el que estaba accedí fácilmente.
¡Dios! Sentí tocar las nubes del cielo en cuanto su lengua hizo contado con mi clítoris —Oh Joe— jadee ya que mi respiración estaba demasiado acelerada, sus movimientos se volvían más rápidos y yo no podía estar más mojada. Era el momento.
Se puso de pie y bajo sus bóxers rojos dejando en libertad su endurecido miembro. Gemí con tan solo imaginarlo dentro de mí.
—Preciosa aun no te penetro y ya estas gimiendo, asi me gusta... — ¿Por que hablaba? ¿Que no veía que me estaba quemando por dentro por sentirlo?
Con una mano me tomo por la cadera mientras que con la otra tomaba a su amigo para guiarlo hacia mí.
Atrapo mis labios tragándose mi grito al momento que entro de golpe en mí. —Ya pasara... — se refería al dolor que me había invadido ya que mi cuerpo tenía que amoldarse al suyo. El dolor comenzó a disminuir conforme sus embestidas avanzaban.
Ya no aguantaba más, Joseph entraba y salía tan rápido de mi que mis músculos comenzaron a tensarse y todo mi cuerpo temblaba, al mismo tiempo que corrientes eléctricas recorrían mis huesos. Estaba en las nubes. Dicen que las mejores cosas de la vida vienen en porciones pequeñas, y los orgasmos claramente siguen esa regla. Había sido el mejor orgasmo de la historia. Se recostó en el piso conmigo sobre él para evitar que yo tuviera contacto con el helado piso.
— ¿Qué tal? — pregunto minutos después ya que habíamos recuperado algunas fuerzas.
—Maravilloso— confesé y bese sus labios —Pero aun te odio.

&Fin!

1 comentario:

  1. Sinceramente AMO como escribis! Estoy leyendo uno por uno! Sos la MEJOR ! Me enctanta. (:

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